Panabus

En los últimos años, y como consecuencia directa de la crisis económica, el costo de la vida ha escalado abruptamente, golpeando a los más vulnerables de manera más cruel. Los servicios médicos son inalcanzables, y más para aquellos en situación de calle, pero un maravilloso equipo humano, a bordo de un Envaca, busca poner su pequeño aporte y cambiar el panorama. 

Panabus

Equipado con ducha, baño, consultorio, equipos médicos y mucha buena voluntad, el Panabus toma las calles capitalinas para atender por algunas horas a quienes han quedado al margen de la sociedad. 



Fomentando hermandad, cariño y solidaridad en cuatro ruedas

Hay iniciativas que nos recuerdan constantemente esa Venezuela bonita que somos. Un país donde la emergencia puede ser grande, pero que jamás superará las muestras de solidaridad de su gente. 

Durante Navidad son muchas las demostraciones de solidaridad que se activan, pero Carlos De Veer, uno de los fundadores y presidente de Santa en las Calles, buscaba crear una iniciativa con mayor impacto y que durase todo el año. “A finales del 2016, estaba de viaje médico con mi esposa en Brasil. Nos quedamos en un apartamento mínimo de 15 metros que se convirtió en mi incubadora. Siempre he tenido afinidad por ayudar a estas personas que están en el peor de los olvidos, al margen de la sociedad sin fuentes de empleo. Durante el viaje, como no tenía mayor cosa que hacer, empecé a darle vueltas a la cabeza. Allí me vino a la mente lo de un ambulancia para personas en situación de calle”. 

“El autobús que conseguimos estaba en el chasis. Por fuera se veía bien, pero por dentro, no tenía sillas, estaba todo en súper mal estado, la remodelación sería grande. La pregunta era cómo lograr que este bus, de seis metros por dos, se convirtiese en una ambulancia con todo y baño. Fueron unos tres o cuatro meses de preparación y remodelaciones”. El acondicionamiento tuvo lugar en las faldas de Petare con mano de obra de la zona: tapiceros, latoneros, mecánicos y carpinteros. 

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Luego de un largo tiempo, fue en el 2017 que lograron encender los motores. Panabus tiene como objetivo brindar asistencia a personas en situación de calle, cubriendo sus necesidades básicas de aseo personal, atención médica primaria, alimentación y recreación, con el fin de promover la dignidad de las personas atendidas. “Comencé con una administradora porque no teníamos nada. Se nos acercaron dos chamos que estaban por graduarse de la UCV en Medicina. Armamos un equipo de doctores de esta universidad, un comunicador social y un chofer. En ese momento hicimos una alianza con una organización que trabajaba con personas en situación de calle y allí creamos la figura del Coordinador de calle, personas que estuvieron en situación de calle y los ayudamos a reinsertarse en el campo laboral, y así arrancamos”. 

El equipo de Panabus ha ido creciendo. “Como todo emprendimiento te vas dando cuenta que tienes que pulir los procesos, que te faltan personas claves en ciertas áreas, y a esa realidad nos hemos ido adaptando”. 

El Panabus cuenta con ducha, agua caliente y fría, inodoro y lavamanos; un área de peluquería y barbería; un área de atención médica primaria, donde además se lleva un récord para realizar estadísticas. Por último, pero no menos importante, está el área del comedor donde no sólo se les brinda una comida con todo el valor nutricional que necesitan, sino que también, tienen la oportunidad de compartir con el equipo y distraerse. 

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Panabus 2, sumando esfuerzos

El primer viaje del Panabus fue un 8 de noviembre, y semana tras semana, sigue sumando pasajeros. “Como todo proyecto social, tenemos que centrar los esfuerzos que hacemos, pero en algunas ocasiones, esto es un drenaje de fondos, y tenemos que encontrar la manera de ser sustentables. Una de las formas más efectivas es crear alianzas estratégicas que no sólo te den fondos, sino bienes, publicidad, capital humano, todo lo necesario para la operatividad. Tenemos alianzas con centros de rehabilitación, hospitales y clínicas, profesionales de la salud y empresas en el área del voluntariado corporativo. Todo el que pueda sumar es bienvenido”, nos cuenta Carlos. 

Luego de pulir los procesos, tejer una extensa red de aliados y consolidar su modelo, llega el Panabus 2 con el patrocinio de un gran aliado social. “Nuestro segundo Panabus es una  especie de celebración clara de que en la unión está la fuerza. No estamos solos. El trabajo en equipo es lo que rinde frutos y hay que apoyarse entre todos, potenciando las fortalezas de cada persona. Siempre hay quien pueda agregar valor en conocimiento, en ejecución, en distintas áreas. Panabus 2 resume todo este esfuerzo”. 

La red de Panabus se extiende cada vez más para alcanzar aquellos que lo necesiten y sumar a quienes quieran colaborar. “Ofrecemos la oportunidad a las empresas de trabajar lo que llaman Mercadeo con causa. De las personas que nos donan, si tenemos exceso de algo, lo donamos a otras organizaciones que lo necesiten. Esto es una red de apoyo colaborativa, una cadena humana que beneficia al país entero. No es sólo el programa Panabus, es toda la gente que de alguna manera está sumando esfuerzos para encontrar una especie de solución a los problemas que atravesamos. No hay que ver el Panabus como una solución, sólo es una bisagra que promueve y fomenta la solidaridad, valores, motivación al logro y el desarrollo social para lograr cambios positivos”. 

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Trabajando por un bien común

Carlos es sólo uno de los que está detrás de este maravilloso proyecto, pero fue su pasión el detonante. “Esto es algo que me nace. Siento y pienso que somos personas privilegiadas en muchas formas: la familia, los amigos, nuestra educación, tantas cosas buenas que tenemos a lo largo de nuestras vidas y eso no viene gratis. Tenemos que ser agradecidos, aportar a la sociedad y ayudar a buscar soluciones a problemas que nos atañen a todos. Debemos buscar acciones positivas que mejoren nuestro entorno. No necesitamos tener grandes recursos para hacer cosas. Me llena muchísimo el trabajo social y ya es parte de mi ADN”. 


Los pasajeros

Subirse al Panabus es encontrarse con el apoyo de un equipo dispuesto a colaborar. En este espacio las personas vuelven a sentir el contacto humano, dejando por un momento la violencia y las penurias del asfalto. 

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En algunos casos, las personas se suben al Panabus y con el tiempo se convierten en lo que se conoce como Mediador de calle, una persona que sabe lo que atraviesan los pasajeros por experiencia propia y ahora canaliza el trato de la organización con otros potenciales pasajeros. Este es el caso de Rubén Gómez. “Hay momentos en donde me acerco y me dicen que no, pero cuando ven a otro compañero bajar del autobús y ven el impacto que generamos, me piden rápidamente un cupo. Lo que más me mueve son los niños en situación de calle porque se lo que van a vivir si siguen en ese mundo. Esto es lo que trato de hacer a diario, convencerlos de aceptar la ayuda y ver cómo pueden salir de las calles”. 

Rubén duró 28 años en situación de calle y consumo de estupefacientes, ahora busca con su experiencia hacer entender el panorama complicado que atraviesa cada una de estas personas. “Las drogas me llevaron a tocar fondo y los últimos seis años fueron los peores, no quería vivir. Yo mismo cerré todas las puertas. No haber podido estar con mi madre en sus últimos días fue lo que me motivó a rehabilitarme. En la calle ves de todo y te toca mirar a la muerte varias veces. En el centro en el que me estaba rehabilitando, llegó Carlos y conocí el programa Santa en las Calles y Panabus, entonces decidí ir como voluntario. El primer día que fui, tuve la oportunidad de abordar a otro chamo y fue impactante. Ahora ese chamo es mediador también y me siento orgulloso. Jamás pensé que ayudaría a las personas en mi situación. Me enamoré de este trabajo. Quiero ayudar con lo mejor que pueda”. 

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No es sólo un cambio de imagen, es una inyección de esperanza. Por un rato, los pasajeros comparten sus historias mientras se les ve a los ojos y se les escucha. Por el Panabus han pasado hombres, mujeres y niños, algunos solitarios y otros parte de clanes que se apoyan entre sí para sobrevivir a la dura realidad. Rubén Cuárez es otro de los mediadores que trabaja en el Panabus. “Mi esposa salió embarazada y nos corrieron de la casa donde vivíamos, sin poder sacar nuestras cosas. Dormíamos en el Pérez Carreño o debajo de un puente. No saben lo que pasa la gente, pueden caer por drogas, otros son abandonados por su familia. Mi gente no me ayudó y fue bastante difícil”, nos cuenta Rubén mientras intenta contener el llanto recordando su experiencia. 

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“Fue un viernes que salíamos de la iglesia María Auxiliadora, le dije a mi esposa que nos fuésemos caminando para ver qué conseguíamos en la basura para comer esa noche. Cuando vimos el Panabus no nos queríamos montar porque en la calle no puedes confiar en nadie, no se puede ni dormir. En el momento que nos montamos estaba Rubén, el equipo y Carlos. Nos atendieron y atendieron al niño que no tenía ni pañales. Nos preguntaron dónde íbamos a pasar la noche y Carlos dijo que nos ayudaría por tres noches. Nos llevaron al núcleo endógeno Simón Bolívar donde estuvimos por tres meses. Ahora me gusta ayudar a las personas y hacerles entender que sí se puede salir de las calles. La calle atrapa, te descuida. No es lo mismo tener tu casa, hasta una ducha es complicado”. 

Son millones de historias como estas que ocurren en Venezuela y el mundo. Estas personas suelen ser tema incómodo, pero la verdad es que es un tema de humanidad y de tejer redes para apoyar a los que más lo necesitan. Esperamos que día tras día, iniciativas como el Panabus se multipliquen y nos hagan recordar y trabajar por ese país que queremos. 

A todos, gracias por su tiempo. Nos vamos cargadas de energía para seguir apostando por multiplicar esa cara positiva de la vida, y a todos los que quieran colaborar, atrévanse a dar ese primer paso.

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