Tita Beaufrand

Alta sensibilidad por la naturaleza, cero miedo por el color, pasión por el discurso y una personalidad avasallante, esa es Tita Beaufrand. Esta venezolana se dio la oportunidad de redescubrirse y adentrarse en el mundo del arte y la botánica, ambas pasiones heredada de sus padres

Tita Beaufrand


Raisa de nacimiento, Tita de por vida

“Siempre he sido muy particular”, así se describe así misma Raisa Beaufrand o Tita como todos la conocen. “Cuando era pequeña me decían ‘raicita’, yo repetía era Tita y así me quedé, ni mis padres me decían Raisa”. 

Tita es la más pequeña de cuatro hermanos. “Siempre fui muy rebelde, atómica, muy ariana. Dejé el bachillerato y me gradué muchos años después. Mi papá me envió a un internado de señoritas súper exclusivo que se llamaba Emma Willard School en Nueva York. Luego pasé por otros colegios, hasta que mi papá me dijo que me regresaba a Venezuela. Hoy en retrospectiva pienso en ese dicho ‘uno no aprende por lección ajena’ y es así. Siempre fui muy arrecha, tenía mucha ira a todo. Mi padre era un hombre sabio, callado, parco, siempre con una sonrisa, y me repetía siempre que me calmara”. 

Por muchos años, Tita se entregaría al canto, pasión que desarrolló en el teatro y junto a otros compañeros músicos por diferentes nightclubs en Caracas. “Era gente súper talentosa. Matábamos tigres por toda la ciudad haciendo covers de canciones de los 80. Fueron años maravillosos. Conocía a Vinicio Adames, colaboramos con él en varias oportunidades”, nos cuenta Tita con una enorme sonrisa. “Tengo un contacto con la selva muy loco y eso que no conozco la Gran Sabana, sólo he dio a Canaima, pero incluso llegué a cantar en Yanomami, que más bien eran como sonidos porque los hacía con el diccionario, una vaina loca, y luego se las metía a la música de Vinicio. La década de los 80 fue muy bonita en cuanto a la moda. Ángel Sánchez era muy amigo de Fran, mi hermano, entonces me prestaba la ropa y hacíamos unos espectáculos multimedia. La gente quedaba loca que no entendía que veía”. 


Descubriendo pasiones

“En el 89 conocí a mi exmarido y me casé. Nos fuimos a vivir a Nueva York, y mi papá insistía en que estudiara algo, que hiciera algo con mi vida. Estudié diseño en el Fashion Institute Technology y me quedé por cinco años más en Nueva York donde nació mi hija’. No fue sino hasta el año 2000, que Tita decidió regresar a Venezuela. “Mis papás ya estaban viejitos y no querían viajar más. Justo cuando me regresé, me divorcié, pero creo que todo pasa por algo y fue una buena persona que me dejó lo más bello que son mis dos hijos, Adrián y Nicole. Nada es casualidad, todo está conectado. Las experiencias que cada persona tiene que vivir ocurren en el momento justo y preciso, y a medida que aceptamos eso, que la vida tiene un ritmo y un camino, te relajas y vives la vida. Claro, en momentos difíciles es más complicado”.

La historia de sus padres se permeó en toda la personalidad de Tita y sus hermanos. “Mi mamá era ucraniana, vivió el comunismo y la II Guerra Mundial. Le ofrecieron un barco a Venezuela y ella no tenía ni idea de dónde era, pero se vino con su familia. Por su parte, mi papá era de Martinica, un francés ligth de una familia súper feliz y contemporánea”. 

“Mi mamá era muy artística y amaba la naturaleza como pocos. Plantaba orquídeas y pintaba, era una especie de artista frustrada porque se dedicó a su familia y aún así, pintó unos 500 cuadros. Yo era rebelde, pero mi mama siempre allí, nos llevaba hacer paseos al Callao a buscar oro y todo el camino iba recogiendo piedras, todas enseñanzas sin querer se me quedaron. Cuando se murió se me abrió un mundo increíble, gracias a eso entendí porqué estoy aquí, mi talento y lo convertí en mi trabajo”. 

Tita ejerció su carrera, diseño gráfico, por unos 25 años, hasta que decidió dar un vuelco. “No me alejé por completo de eso porque aún utilizo todas las herramientas que me dio la carrera, pero ahora mi trabajo es conectar a la gente con la naturaleza y hacerle entender ese poder tan grande que tiene para sanarnos, nutrirnos y hacernos felices, por eso digo que nada es casualidad, todas las personas que entran a tu vida, están por algo y mi mamá me despertó mi pasión”. 

Tita Beaufrand


Viendo mundo a detalles full color

Tita fotografía la naturaleza y trabaja cada imagen de manera espectacular, resaltando todo lo maravilloso que ofrece el mundo, especialmente el color. “Mi obra se centra en el estudio de la riqueza y vitalidad del mundo natural, y que surge de mi asombro y fascinación personal con la naturaleza que me rodea. Es una reflexión sobre el mundo vegetal y la flora tropical, un homenaje al paisaje, su exuberancia, complejidad y grandeza desde, una perspectiva muy íntima un gran inventario botánico contemporáneo desde el detalle. La construcción de una imagen compleja basada en la mirada inmediata y detallada”. 

Pasión por la naturaleza es lo que reflejan Tita y su trabajo, y esa misma pasión es la que busca despertar en quienes disfrutan de su arte. “No hay ser humano que no tenga una conexión con la naturaleza y ahorita todo lo que hago es una aproximación a eso, me voy mucho al detalle. Hay muchos lugares a los que voy a fotografiar, pero la mayoría son en mi casa. Puedo ver la misma planta todos los días y apreciarla de manera diferente siempre. Obtengo la foto y luego llega el color. Mi trabajo es muy pop y contemporáneo, es muy digerible. El color tiene el poder de generar reacciones y por eso en mi trabajo sobran”. 

“De una misma imagen o muestra, cada persona tiene una lectura distinta y tiene que ver con lo que cada uno vive y recibe de la imagen. Para mi este trabajo no es sólo sobre naturaleza, sino también sobre la energía que transmite. Es vida, es color. Esto es lo que entendi y es lo que quiero seguir haciendo. No le tengo miedo al color, para mi es muy importante. Hasta para vestirme me encanta. Una vez estaba vestida de naranja, verde, morado, azul y me gritaron: ‘mamita estas combinadita’. A él le pareció raro y a mi maravilloso. Me encanta el impacto del color y las combinaciones inesperadas”. 

Tita Beaufrand


Dibujando a futuro

Tita apenas empieza y aún tiene muchas metas que busca lograr con su trabajo. “Me encantaría dar charlas en jardines botánicos y lugares en los que la gente conecte con esa visión diferente de la naturaleza. Tengo un cuaderno donde está todo. Si me pasa algo, allí hay de todo. He hecho un inventario botánico importante. También me interesa mucho el tema ecológico. Ahorita estoy leyendo un libro que habla sobre los beneficios de la naturaleza para sanar, todo desde una perspectiva muy científica. Me interesa sanar la relación de la gente con la naturaleza y que entiendan el poder que esconde. La gente desconoce que con algo tan simple como cuidar una planta puede beneficiarse”. 

Proyectar su arte a otras tierras es algo que esta artista quiere alcanzar. “Cuando empecé a hacer este trabajo, tenía la facilidad para exponer en Galería Tres y decidí hacerlo con lo que tenía. Este trabajo me trajo consigo muchos otros. No he vuelto a exponer porque me quedé enconchada desarrollando, pero ahorita que estoy sola, mis chamos se fueron del país y mis padres ya no viven, tengo tiempo para meterle el pecho de nuevo”. 

Tita confiesa que tiene una fijación con Alexander von Humboldt y sus libros son imprescindibles para ella. “Si bien era un científico muy meticuloso, él logró transmitirnos poesía. Llegó a Venezuela por casualidad y se quedó aquí un año. La flora y la fauna lo atraparon. Entonces pensé: si yo nací en esta tierra maravillosa, increíble, llena de colores y de un naturaleza avasallante que enamoró a Humboldt, tengo que honrarlo, entenderlo, cuidarlo, celebrarlo. Me siento muy afortunada de mi madre y lo que me trajo aquí”.

Puraguapura con Tita Beaufrand

Puraguapura con Tita Beaufrand

Redescubrirse, aceptarse y potenciarse 

Las experiencias y la meditación le enseñaron a Tita a bajar las revoluciones con las que veía la vida, ahora ve las cosas con más calma, pero sin perder su esencia. “Es importante saber reconocernos tal como somos y hacerlo consciente. Yo no sería quien soy de no haber tenido todas esas experiencias. Hay cosas que quizás cambiaría, pero no me arrepiento de nada. Estoy muy feliz hoy en día”. 

“Soy muy buena compañia y soy muy feliz sola, no le tengo miedo a la soledad, me siento cómoda con ella. He hecho un trabajo espiritual muy importante que me ha permitido crecer. Lo único que nos hace crecer es mirar adentro, aunque no nos guste”. 

Alcanzar la serenidad es algo en lo que Tita trabaja constantemente y a lo que le dedica mucho tiempo. “Medito mucho, y tengo muchos mantras de gratitud. Me di cuenta que los pensamientos son muy poderosos, para bien y para mal, por lo que he aprendido a vigilar mi mente, filtro lo que veo, no uso tanto el teléfono, no veo imagenes ni películas que no quiero ver. Si llego a un sitio y hay alguien hablando de algo que no me gusta, prefiero irme, ya ni pierdo el tiempo tratando de convencerlos. Antes no era así. Yo era de esa gente que te hacía una pregunta y respondía por ti, ahora aprendí a escuchar. No todo lo que uno piensa tiene que decirlo. No soy una gurú, pero si siento que he llegado a eso que mi papa me decia, ahora me tomo las cosas con más calma”.

“Así como uno busca herramientas para cocinar, también uno tiene que buscar herramientas para hacer la vida más llevadera y más en estos momentos que vivimos. El internet, la red como su nombre lo dice, es una red que te atrapa te embasura el cerebro, y  el alma. Hay que estar informado, pero hay que saber hasta qué punto. Hay ciertas cosas que hay que dejar pasar. La vida es compleja, pero porque nosotros mismos la hacemos así. Tragedia siempre va haber y siempre ha habido, pero enfoquemonos en lo bueno. Si tienes posibilidad de disfrutar la naturaleza, hazlo, recárgate y dale eso a tu familia”. 


Querida Tita, gracias por tu tiempo y por compartir con nosotras tu amor por la naturaleza. Esperamos con ansias ver pronto lo que viene. 



Ubícalos tú mismo

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