María Fernanda Di Giacobbe

En un país petrolero un hermoso proyecto se está gestando. Algunos venezolanos como María Fernanda Di Giacobbe están trabajando duramente en visualizar lo que en un tiempo fue considerado nuestro activo más preciado, el cacao.

 

Hoy, Venezuela es el país en donde se produce uno de los mejores cacaos del mundo. Conversamos con la fundadora y motor de proyectos como Cacao de Origen, Kakao Bombones venezolanos, Proyecto Bombón o Proyecto San Benito. María Fernanda, como cientos de otras mujeres, le apuesta todo al cacao venezolano y aquí nos lo cuenta.

María Fernanda Di Giacobbe

Entre letras y cacao

“¿Quién es María Fernanda? Es una buena pregunta, no lo sé”. Curiosa respuesta viniendo de una de las pocas personas irradian absoluta seguridad. María Fernanda, ganadora del Basque Culinary World Prize, nació en Caracas en el seno de una familia donde la tierra y los comercios corren por las venas. “En mi casa todo el mundo cocina. Mi familia tenía abastos y sembraban, después tuvieron supermercados, luego restaurantes y por último chocolaterías. Mi abuela fue la primera. Ella tenía 10 hijos y mi abuelo era el que trabajaba, pero cuando mi abuelo se iba, ella mataba las gallinas y las vendía en la puerta de la casa a escondida de mi abuelo, así tuvo su propio dinero. Llegó a tener cinco casas en Caracas, todas a escondidas de mi abuelo, cobraba alquiler y el dinero era de ella”.

María Fernanda estudió letras en la Universidad Central de Venezuela, pero esto no quedaría excluido de su verdadera vocación, el chocolate. “¿Qué tienen que ver las letras con el chocolate? Todo. ¿Cómo hablas del cacao sin estudiar?. Hay que leer a Ida Gramcko, Eugenio Montejo, Rafael Cadenas, a todos esos grandes escritores venezolanos. El cacao es elegante, culto. Hay que estudiar para poder expresar en palabras a qué sabe un cacao criollo venezolano”.

 

María Fernanda Di Giacobbe

Chuao, una historia y tradición con raíces de mujer

“Las que más saben de cacao en Venezuela son mujeres: Ifigenia Laya en Ocumare, Amanda García en Barlovento, Petra Galarraga en San José y en Paria está Lida Quintero. El cacao es un tema de mujeres, eran como mi abuela. Los hombres pescaban y las mujeres se quedaban en la casa junto al conuco con sus hijos, por eso en Venezuela tenemos tantas productoras. Un gran ejemplo es Chuao”, es aquí cuando descubrimos un caso extraordinario que se da en Venezuela y María Fernanda es testigo de esto.

“Chuao es la única plantación del mundo que le pertenece entera a una comunidad. Las mujeres cosechan y hacen todos los procesos con sus hijos, por eso el cacao de Venezuela no se da en otro lado. Le hace falta los cantos, los gritos, el aguardiente, la guarapita, el ron, las misas de gallo. El cacao en Chuao es algo cultural, es una tribu que suma, es un gran matriarcado”.

En la era industrial venezolana se abandonó el campo y los campesinos cambiaron el paisaje rural por las ciudades y grandes campos petroleros. “Vicente Franceschi, un gran historiador, dice que el cacao siempre estuvo amenazado por su rol tan importante. Si había una guerra ¿De dónde salían los soldados? De las plantaciones de cacao. No hemos vivido un acontecimiento histórico que no haya tocado el cacao. Medina Angarita, recordado como un gran Presidente, hizo una ley para regular el cacao y el café. Somos indios Caribe, no nos pueden forzar a colocar un precio por lo que producimos porque tiene una respuesta casi instintiva de rechazo. Cuando ocurren estas cosas en Venezuela, así la idea del gobernante sea beneficiar al productor, la respuesta siempre es negativa”. Y así fue, la gente fue abandonando las plantaciones de cacao para sembrar otros frutos.

Pocos saben que en lugares tan remotos para nosotros como lo es Asia, el cacao venezolano tiene su fama. “En Japón nos conocen mucho, de aquí salió un barco de cacao en 1600 que cambió la historia del mundo. Chocolateros de Torino, Génova, Valencia recibían cacao que salía de nuestros puertos. Tenemos que ponernos las pilas porque los gobiernos no han atinado en nada con el tema del cacao”.

“Chuao es un caso excepcional y gran ejemplo. Ellos no saben dónde queda la bolsa Nueva York o Londres, donde está el Ministerio de Hacienda, a ellos simplemente no les interesa. Ellos colocan su precio, si lo quieres lo pagas y sino no, prefieren comerlo, y eso es lo que tiene que hacer un productor que sienta que su trabajo está bien hecho con orgullo y pasión”.

A esta pequeña villa costera llegan los mejores chocolateros del mundo en búsqueda de este precioso grano único en el mundo. “A pesar de todo lo que nos ha pasado, del Fondo Nacional del cacao y todos los procesos que lo secundaron, Chuao sigue siendo una joya. No importa la crisis que estamos viviendo, en estos meses del año vienen los maestros chocolateros de Europa, Asia y ahora Estados Unidos, directamente al pueblo y se sientan en la plaza con esas mujeres de ojos puyuos, y lo más bello es que te lo venden al precio que ellas quieren y siempre que les caigas bien. Ellas saben su valor más allá del monetario”.

“Otras característica de Chuao es la modalidad de venta. Ellas te venden toda la cosecha de un año sin contrato, lo que vale es la palabra, pero además te dicen: ‘Necesitamos dos computadoras para la escuela o tres motores de lancha, acuérdate de la fiesta de San Juan y de diciembre’. Eso es lo que es denominación de origen, es orgullo, allí no tiene que protegerte nadie”.

Esto sólo ocurre en Chuao a nivel mundial, María Fernanda nos explica que por esto no existe otra denominación de origen en el mundo. “Denominación de origen no es simplemente la genética, es la tierra, el clima, el trabajo de estas mujeres y la cultura que se teje alrededor de la planta. Para que haya una denominación de origen tiene que haber toda una cultura que haya sobrevivido y crecido. A Chuao llegan todos los expertos en cacao del mundo, y luego tenemos la voluntad de decirle a estas mujeres cómo hacer las cosas, lo han hecho por siglos, saben más que todos nosotros juntos”.  

En Chuao no existe señal celular, ni carreteras para llegar al pueblo, todo esto por decisión de sus propios habitantes. “Es un pueblo unido y organizado. Lo más impactante es que a nada está Choroní y es totalmente diferente. Si todos fuésemos cómo la gente de Chuao, esto sería más país”. María Fernanda nos dice entre risas que está haciendo un curso intensivo para volverse de Chuao. “Es una tierra increíble y no puedes mudarte para allá sino quieren”.

 

María Fernanda Di Giacobbe

Un arte que se lleva en las venas y se reinventa

La mamá de María Fernanda es repostera y autora de una torta muy conocida para algunos caraqueños, la maruja de chocolate con caramelo y almendras encima. “Con esa torta, mi mamá compró casa, compró todo. Mi mamá era muy jodida, si yo quería rumbear tenía que estudiar, sacar 20 y trabajar. En las tardes ayudaba con el chocolate y el caramelo, podía hacer un dulce sin ver una receta. Mi mamá me decía que tenía que estudiar, que no podía ser repostera como ella, era una especie de tabú”.

“Cuando estaba estudiando Letras, tuve la oportunidad de ir a Italia varias veces, veía las trattorias en Roma donde trabaja toda la familia y yo al llegar a Caracas decidí que mi ciudad necesitaba eso, así nació la Paninoteca”. Este próspero negocio que mezclaba comida criolla e italiana con arte, duró 15 años y María Fernanda, junto a su familia, se dedicó a él completamente. “Fuimos abriendo cafés o restaurantes en todos los museos de Caracas. Cada local que abríamos hacíamos socios a los mejores empleados. No puedes estar en todos lados y no tienes como pagarle al empleado el esfuerzo, tienes que hacerlos parte de, es la única manera en la que, como tú, entreguen el 100% del esfuerzo. Abrimos unos 16 locales y en cada uno teníamos uno o dos socios, el 90% funcionó, insólitamente los que no funcionaron era cuando el socio era hombre, la mujer tiene que hacer funcionar el negocio porque sus hijos dependen de eso”.

El paro general del 2002 supuso un gran golpe para María Fernanda y su familia, pues todos los negocios tuvieron que cerrar, pero ella supo reinventarse y sin rendirse siguió apostando a lo que cree, así ha logrado consolidar un gran número de proyectos en los que los socios se vuelven familia. “Tenemos funcionando Kakao bombones que tiene su laboratorio y su tienda, Río Cacao en Paria, Rio Caribe, también está Cacao de origen en la Trinidad, Soma Café y El Buscón que es la parte que me quedó de letras”.

“Hay gente que dice que todo lo vuelvo negocio y no, todo lo vuelvo un recurso. Si me gustan los libros, ¿Por qué no sacar algo de ello? No importa si es de gastronomía o no, es el mismo empeño”.

 

María Fernanda Di Giacobbe

El buscón

Uno de los consentidos de María Fernanda es la librería El Buscón ubicada en el Trasnocho Cultural. “Tenía muchos libros y un día hablando con Federico Pacanins le comento que no se que hacer con tantos libros y me dice que él tampoco sabe que hacer. Allí pensamos en montar una librería. La idea era que fuese como Soberbia, la librería más famosa de Caracas en ese momento y que vendía libros raros o usados”.

“Mi mamá conocía una de las dueñas de Soberbia porque estaban juntas en un club de orquídeas. Yo iba a las reuniones y me quedaba hablando con la gente de los libros, nos volvimos cercanos. Cuando arrancamos el proyecto, se decidió que estuviese en Trasnocho por la cantidad de gente que lo frecuenta. Luego le comenté la idea a la gente de Soberbia y les encantó la idea, me entregaron la llave de la librería porque ya estaban mayores y el negocio era fuerte”.

Como todo proyecto, El Buscón no estuvo exento de retos que enfrentar en su etapa más temprana. “No teníamos el dinero para ir adquiriendo los libros necesarios, pero las hermanas dueñas de Soberbia nos permitieron ir comprándolos poco a poco. Abrimos El Buscón y ellas venían a atender sus clientes de años, también seguían buscando libros para nosotros, hasta que la última de las hermanas Pardo falleció el año pasado. Ellas de cierta manera eran como las mujeres de Chuao, sólo te vendían los libros si les caías bien y si veían que los ibas a cuidar”.

 

María Fernanda Di Giacobbe


El inicio de Kakao y muchos bombones más

El 2002 fue un año muy fuerte para María Fernanda, sin La Paninoteca y llena de deudas, se encuentra en una encrucijada. “Estaba tan mal, que una amiga me invitó a Barcelona, España, pero yo sólo pensaba cómo podría si le debo a todo el mundo. Ella se ofreció a pagarlo porque sino me daría un infarto. Un día el cantante Iván García me invitó a merendar, yo estaba que todo me mareaba y cuando llegué al lugar ¿Qué fue lo primero que vi? Una foto de la iglesia de Chuao. Empecé a cuestionarme sobre lo que hacía. Me vine a Venezuela inmediatamente y me senté con mi mama, ella es el motor de mis ideas”.

La mamá y todas las tías de María Fernanda dominan el arte de la repostería criolla, de allí vino la idea que cambiaría todo. “Pensamos en hacer dulces criollos y cubrirlos de chocolate, esos serían los verdaderos bombones venezolanos”. Más de 10 mujeres empezaron hacer dulces y a la semana ya tenían una buena cantidad. “Compré chocolate El Rey, lo derretí y empecé a remojar los dulces, fue un desastre. El chocolate no se pegaba, no era tan rico”.

En este momento dos grandes amigos de María Fernanda se suman al proyecto, Sumito y Héctor Romero. “Empezamos a hacer pruebas en el ICC. Un señor quiso ser nuestro socio y nos jodió, pero trajo un bombonero que nos explicó el proceso, así que no todo fue malo. La tienda se instaló en Trasnocho, al lado de Esperanto. Lo mejor que paso con Kakao fue saber que podíamos unir todos los ingredientes. Viéndolo ahora, Kakao cambió todo”.

Los bombones que más se venden son los de guarapita y parchita. “El bombón siempre ha sido europeo con ingredientes como el pistacho, las almendras, la champagne. Ahora está esta cosa caribeña rebelde. Todos me decían que estaba loca por hacer un bombón de papelón con limón. Nuestras cajas se hacen con el apoyo de artistas. Todos se conquistan con chocolate. Era un negocio muy próspero con un laboratorio súper moderno”.

Con trabajo duro, María Fernanda se ha posicionado como una de las duras dentro del mundo del cacao en Venezuela. “Siempre digo que sí, a charlas gratis, a proyectos, lo que sea. No es dinero, a mi me gusta mi trabajo y cuando te gusta, siguen llegando. El cacao ha hecho mucho por nosotros, nos dio un discurso”.

María Fernanda Di Giacobbe


Otro de los proyectos de María Fernanda es la escuela en Río Caribe, Río cacao. “Acercamos a productores con emprendedoras en el área del chocolate. Una de ellas es Ángela González. Ella compra y cambia cacao con los productores, lo tuesta de manera totalmente artesanal en su cocina, luego lo pasa por una máquina de maíz y usa una Electrolux que ella misma adaptó para procesarlo. Ángela hace su propia Nutella con maní. Empezó a ver clases con nosotros y terminó dándolas”.

María Fernanda y su equipo también traen máquinas pequeñas a bajo costo para emprendedores en el área. “No todos pueden comprarla y nos gustaría regalárselas a todos, pero no podemos. Un día un señor nos escribió que probó los bombones de Kakao y que quería donar 500 dólares. Le dije que mejor le comprara una máquina a Ángela y que además le salía más barato. Logramos que este señor, Ramón, le regalara la máquina”.

María Fernanda es parte de esa Venezuela posible que se niega a dejar de luchar, una de las tantas mujeres que ha convertido el cacao en más que una pasión. Gracias por tu tiempo y todo esa maravillosa información que compartiste sobre uno de nuestros tesoros más invaluables.

María Fernanda Di Giacobbe

 

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