Sobre el amor...

El dinero se esfuma, la llama se extingue, el hielo se derrite, el dolor pasa. Todo en la vida tiene inicio y final. Bailamos sin parar al son de la tonada que nos impone el inclemente paso del tiempo, y sólo si somos lo suficientemente afortunados, algunas de las cosas más maravillosas de la vida resisten como palmera al viento. No desaparecen, no se quiebran, se doblan y se amoldan para sobrevivir. 


En esa categoría de maravillas entra la más poderosa de todas, el amor. Ese sentimiento que te eleva o te hunde, y se presenta en las formas menos esperadas, pero que sin notarlo es el motor que nos mantiene a flote. 

Amor de madre, de pareja, de amigos, amor propio, todos nacidos de la misma raíz, y que con el cuidado suficiente se hacen fuertes y robustos. Tesoros invaluables que no sólo soportan el avasallante tiempo, sino que también valen la pena. 

Cuando las manos se llenan de arrugas, la visión falla y la fuerza afloja, los detalles recobran su importancia, las personas retoman su significado, los amigos se convierten en oro, los abrazos son medicina y un te amo, te quiero, te extraño retumban en lo más profundo del corazón. 

Pino Di Stefano


Hoy, no brindemos únicamente por esa visión de amor romántico que en algún momento nos desveló. Celebremos el cariño que nos rodea y nos da fuerzas. Brindemos por ese amigo que aunque pasen los años está allí como un oásis en el desierto, por ese abrazo de madre que devuelve al aliento, por esa persona en el espejo que está en los peores momentos. Brindemos por el amor en el sentido más amplio de la palabra y que así como la palmera y el querido Pino, nos dure años.