Judith Castillo

Dicen que año nuevo vida nueva, pero para Puraguapura no es una sola vida, sino muchas. Es una nueva oportunidad para contar cientos de historias que tienen en común un mismo escenario, Venezuela.


Uno de los episodios que marcó la cultura pop venezolana. Era 1976, Elluz Peraza ganaba el certamen de Miss Venezuela convirtiéndose la representante venezolana para el concurso Miss Universo. Mientras, Judith Castillo ganaba el puesto de primera finalista y el pase automático al Miss Mundo. Dos reinas perfectas en una noche tan linda como esta.

Pero la historia no terminaba allí, horas después de la coronación, Elluz Peraza sorprendería al mundo al renunciar a su título, pasando así la banda a la virreina, Judith Castillo.

Con trabajo duro y en pocas semanas, Judith logró estar lista para el certamen que tuvo lugar en Japón y ganarse así el segundo lugar. Esta elocuente mujer, se mete a todo el mundo en su bolsillo y se convirtió así en la “Miss del pueblo”. Hoy, es abogada, empresaria y nuestro primer personaje 100% guapura del año. Un honor para nosotras conversar con esta reina que nos contagia con su empuje y nos deja su poderosa frase: Yo quiero, yo puedo, yo lo hago.


El nacimiento de una soberana de la belleza

“Nací en el Materno de la Candelaria. Mi familia era de una clase social bastante baja. Vivíamos mudándonos, así que estudié en muchos lugares, pero fue en el Instituto Gran Colombia en Los Rosales donde estudié gran parte de mi etapa escolar”, nos cuenta Judith con una sonrisa en el rostro. “La primera vez que fui al Gran Colombia fue para que nos sacaran la cédula. Le pedí a mi mamá muchas veces que me inscribiera allí, yo estaba en un colegio privado que ella pagaba con mucho sacrificio. Era difícil entrar, pero con mis notas logré hacerlo. Me montaba en el autobús de San Ruperto que pasaba por San Martín, donde vivía y llegaba al colegio. Fui la más feliz del mundo”.

El impulso de Judith la llevaría a estudiar Medicina. “Estudié la carrera por tres años, era fanática de los estudios y de los dos turnos que habían en la Universidad, veía ambos. Llegué a pesar 35 kilos y los profesores me dijeron que me recuperaba o me expulsaban. Mientras recuperaba el peso, perdí el cupo. Entonces decidí estudiar Derecho porque tenía que hacer algo. Me encantó la carrera, me gradué, hice postgrado y me convertí en especialista en propiedad intelectual”.

Judith Castillo

Una familia fuerte fue la clave

Como muchas familias venezolanas en las que la figura paterna está ausente, las mujeres en la familia de Judith asumieron papeles determinantes dentro del círculo familiar. “Mi familia siempre ha sido un matriarcado, vivíamos todos muy juntos, mi abuela, mi mamá, mis hermanos y las mujeres eran las pilares de la casa. Fui mamá muy joven”, nos dice Judith con un aire de orgullo. “Cuando nació mi hermana menor, yo tenía apenas ocho años y mi mamá se enfermó por lo que no podía atender a la niña. Yo era la que cuidaba a la bebé. Me llevaba a mi hermanita a la escuela en un moisés, en ese momento me regalaron mi primer reloj para poder estar pendiente de las horas que le tocaba el tetero. Eso no me traumó para nada, por el contrario, me enseñó a ser como las mujeres de mi familia, luchadora. Toda mi familia es de mujeres súper trabajadoras. A los seis años mi mamá me enseñó a planchar camisas. Siempre andábamos juntas y mi abuela me observaba mucho y sabía que tenía talento”.

Judith siempre fue reina y su abuela no dudó al ver las cualidades de su pequeña nieta. “Aunque éramos nueve hermanos y siempre me la pasaba jugando con los varones, fui reina en el kínder, el colegio, en todos lados”.


El Miss Venezuela

“Yo no quería ser Miss Venezuela, no me llamaba la atención para nada. Mi más grande sueño era salir en portadas de revista. Mi abuela me llevó al concurso de Miss Manzanita que era sólo para niñas de 15 años. Me gané una beca para estudiar modelaje y le dicen a mi abuela para que concursara en el Miss Princesita, resulta que no era el Miss Princesita sino el Miss Venezuela”.

Fue así que gracias a su abuela materna, Judith saltaría del liceo a concursar en el máximo certamen de belleza del país. “Estaba feliz de ser la primera finalista e ir al Miss Mundo, así que todas las cosas malas que pudieron pasar en el Miss Venezuela pasaron a segundo plano. Cuando me dicen que Elluz renunció fueron sentimientos encontrados. Me llama el señor Acosta Rubio y su esposa a mi casa, ellos eran los que organizaban el certamen, y me piden que reconsidere el puesto para que la corona pasara a la siguiente chica. Fue esa petición la que me hizo reconsiderar todo. Me formé en días, un familiar lejano me hizo la traducción de un pequeño speech y aprendí algunas palabras para decirlas en Japón. Fui con todo para acallar todas las voces que dijeron que yo no podría lograrlo y quedé de primera finalista”.

Luego del Miss Venezuela, Judith trabajó como actriz, animadora y locutora. “Me encantó la televisión de aquel momento. Hice sólo una novela en Venevisión (Balumba). No tenía ninguna experiencia como actriz, pero fue durante una producción en Venezolana de Televisión que me di cuenta que no podía ser actriz, te consume demasiado tiempo y no podía hacer nada más. Luego fui animadora y fue el trabajo que más disfruté”.


Judith Castillo

Delamis

Empresaria, esta es otra faceta de esta reina que puede que no todos conozcan. Delamis Artesana es la marca de postres artesanales que lleva adelante Judith desde hace más de 11 años. “Cuando iba a la tintorería decían que estaba lista la ropa de la Miss, iba al colegio de mis hijas y eran las hijas de la Miss, mi mamá ahora era la mamá de la Miss. Un día buscando nombre para los productos de la Miss, me di cuenta que allí estaba, Delamis”.

Recetas tradicionales venezolanas y las más deliciosas conservas son hechas con especial dedicación por Judith y su familia. “Siempre me ha gustado la cocina, pero pasé por un instante, como todos en este país, en el que me encontraba pensando qué hacer porque la profesión sola ya no era suficiente. Tengo una familia muy grande, que incluye un chef. Pensamos en una ferretería porque es una de mis pasiones. Amo ir a comprar tornillos y las herramientas, pero no ropa, cosa curiosa para una Miss. También pensamos en una librería, pero terminó ganando la cocina”.

Judith Castillo

Delamis ya tiene más de una década en el mercado como productos artesanales y en palabras de Judith, industrializarse no es una opción. “Perdería la esencia y el especial cuidado a los detalles que le damos. Tenemos 80 sabores entre salados, dulces, picantes y dulces tradicionales que hemos ido rescatando”

Judith y su equipo investigan, prueban y a veces hasta adivinan sabores de recetas venezolanas que no todos conocen. “El dulce de ají dulce no lo hace nadie fuera del estado Guárico porque son productores de ají por excelencia. Empecé a investigar hasta que di con los sabores y eventualmente la receta. El dulce de Juan Sabroso, que además me encanta por el nombre, lo saqué de un libro donde lo mencionaron y me quedó la intriga. Después lo conseguimos en un libro más moderno y empezamos a probar. Hay recetas que mantenemos intactas y a otras le hacemos una pequeña variación para darle nuestro toque personal. Absolutamente todos los ingredientes que usamos son artesanales, nada es industrializado”.

Judith Castillo

Otro de los proyectos en los que participa Judith y la llena de mucho orgullo, es Oncoaliado. “Es una Asociación Social sin fines de lucro que ayuda de manera integral a la comunidad oncológica de zonas rurales e indígenas de Cataura en el estado Anzoátegui. Soy imagen y cofundadora”.

Judith se adentra en este proyecto luego de sufrir la pérdida de dos familiares cercanos a causa de esta fatídica enfermedad. “Mientras estaba de luto, una amiga atravesaba por la muerte de su mamá. Ella me comentó que su mamá antes de morir había dejado un proyecto para ayudar a pacientes con cáncer en su pueblo natal donde sabía que había mucha gente de pocos recursos. Entonces empezamos a darle forma y no paramos desde entonces”.

Judith Castillo

 

Desfilando hacia el futuro

“En mi casa las mujeres tienen nombres fuertes como libertad o victoria y esa es mi meta, seguir luchando por mi país que amo con locura. El futuro para mí es seguir echándole pichón, trabajando duro”.

Ante un panorama no muy claro, Judith mantiene la esperanza. “No soy de las que dice de esta agua no beberé, pero irme de Venezuela no está en mis planes. Creo que el barco no lo podemos abandonar todos. Hay algunos que nos quedamos y seguimos trabajando muy duro, durísimo diría yo”.

“El venezolano de cuna es generoso, pero como nunca necesitamos ser más conscientes y menos sensibles. Sacaron lo peor de nosotros, tenemos que esforzarnos más en apoyar, ser solidarios. Aunque uno tenga muy poquito, siempre hay quien tiene menos. Ahora, el que recibe también debe ser más agradecido, no es esperar regalado, es ganarse las cosas y llevar siempre  el gracias por delante”.

Para Judith no es cuestión de dudar, sino de ayudar y hacerse visible. “Nos estamos necesitando. Estamos necesitando que la gente buena se deje ver. Los buenos somos más pero no nos vemos. Hay mucha gente que quiere hacer pero como no ve a otros hacer, no se anima. Entonces sí, hagan cosas buenas y que se vea, sume a otros hacer lo mismo, que lo bueno se contagia”.

En Puraguapura compartimos muchas cosas con esta increíble mujer y una de ellas es que debemos cambiar el lenguaje. “Para todo uno tiene que decir: Yo quiero, yo puedo. Rechazo el conversar con alguien que tenga un no por delante. La primera palabra no puede ser un no, uno siempre tiene que intentarlo y el no es tan definitivo, tan fuerte. Siempre recuerdo esa famosa frase de Bolívar ‘Quien no espera a vencer, ya está vencido’. Mi abuela siempre me decía que cuando entrara en cualquier lugar pensara: ‘Aquí estoy yo’ y me ha funcionado”.

Así que ya saben guapas, a pensar que sí somos suficientes, que podemos lograrlo y hacerse visibles este 2019, que somos muchos los que estamos dispuestos hacer la diferencia. Gracias Judith por tu ímpetu, tu maravillosa personalidad y por compartir tu tiempo con nosotras. Ah! otra cosa, tienen que probar los dulces Delamis, prometemos que son fuera de este mundo, dignos de una corona.  

Judith Castillo

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