María Teresa Boulton

Cada día somos bombardeados con imágenes que buscan captar nuestra atención aunque sea por un segundo y a medida que pasan las generaciones, el trabajo de crear estas imágenes se vuelve más difícil. Algunas personas se entregan a este arte de retratar nuestro mundo y hay quienes se dedican a interpretarlo. María Teresa Boulton es uno de los nombres que rápidamente resaltan al hablar de fotografía en Venezuela. Investigadora y promotora de la fotografía nacional, se convirtió en referencia obligada con la publicación de su primer libro
Anotaciones sobre la fotografía venezolana contemporánea.


Buscando volar

“Mi abuelo era brasileño y vino a Venezuela como diplomático, mis padres se conocieron aquí y se casaron. Eran muy diferentes, mi papá era un hombre muy criollo mientras que mi mamá era hija de un diplomático que viajaba mucho y tenía un carácter muy difícil. No se entendían para nada y con los años se divorciaron”. A los once años de edad, Teresa parte con su familia a los EE.UU. dónde se gradúa de bachiller para luego contraer matrimonio a los 18 años de edad. “Casarme era lo único que podía hacer, quería estudiar, quería hacer muchas cosas y mi mamá no lo permitió. Mi papá me apoyaba, pero no se metía en eso. Él se encargaba de la crianza de los varones, la hembra era asunto de la madre, así era en esa época”.  

Estudiante sobresaliente, María Teresa abandona la educación formal para empezar la vida de una mujer de familia. “Casarme fue mi manera de buscar mi vida, casarse era lo que había que hacer en esa época. Me casé con un arquitecto hijo de diplomático, tuvimos cuatro hijos y luego, como es normal, nos divorciamos”, dice de manera jocosa.

Contrario a los deseos de su madre, una vida tradicional no era lo que quería María Teresa  y a la edad de 29 años tuvo un gran sacudón. “Me dio Lupus, creo que quería volar y nadie quería que yo volara. Quería trabajar y estudiar, pero mi marido no quería y bueno, con varios hijos se hace complicado. El médico me dijo que saliera de casa”.

 

María Teresa Boulton

María Teresa Boulton

Un fotógrafo que lo cambió todo

Con el paso del tiempo y siendo madre, María Teresa se divorcia y comienza a trabajar en la Sala Mendoza, donde conoce a Paolo Gasparini, una relación que cambiaría su vida. “Paolo era un galán, romántico, interesante y fotógrafo, era otro mundo, el mundo que me gustaba, el arte, lo que siempre quise vivir que nunca me dejaron. Yo no sabía nada de fotografía hasta que lo conocí. Él tenía pareja y estaba esperando un niño, todo complicado. Con él cambié mi manera de pensar y de vivir”.

Un inicio complicado, pero una relación valiosa que le brindaría las herramientas necesarias para convertirse en la investigadora que es hoy en día. “Él siempre quiso una galería y yo hacía las relaciones públicas. Empezamos con la Fototeca, empezamos a importar libros de fotografía, ese fue nuestro gancho, la gente iba a las exposiciones y a revisar los libros que llegaban. Entré en ese mundo de la fotografía de una manera más cultural que operativa y me fascinaba. Para mí, el porqué de las cosas, es mucho más interesante que sólo tomar la foto”.

Era finales de los años 70 y la Fototeca se convirtió en un lugar de referencia para los amantes de la fotografía, ubicado en Sabana Grande este era un lugar lleno de historia y punto de encuentro de muchas visiones que luego marcarían la pauta en el país. “El espacio donde funcionaba era de la esposa de José Vicente Rangel, ella nos alquilaba el lugar. Era súper incómodo y cuando llovía se inundaba, pero la gente estaba fascinada. Para ese momento, la fotografía en todos los lugares del mundo era muy incipiente, la mayoría de los espacios quedaban prácticamente bajo los puentes. No fue sino a finales de los 80 y principios de los 90, que el mundo cambió la perspectiva de la fotografía. De hecho, la fotografía como profesión es más reciente de lo que la gente suele creer”.

 

Maria Teresa Boulton

 

Pese a estar fuertemente relacionada con el mundo de la fotografía, María Teresa se considera una investigadora. “Hice un poco de fotografía, pero para ser fotógrafo hay que trabajarlo, así como para ser investigador, ambas carreras son difíciles de hacer al mismo tiempo, lo mío era la investigación”.

La Fototeca brillaba, pero no así la relación. “A Paolo yo lo adoraba, él era su trabajo. Claro yo tenía cuatro hijos y capaz eso fue demasiado para él. Siento que me liberé porque hice una vida que yo quería hacer”.

Con 40 años y divorciada por segunda vez, María Teresa inicia sus estudios en una Universidad abierta para adultos en EE.UU. “Iba de oyente en la UCV, hacía mis exámenes y los mandaba a EE.UU. dónde me los acreditaban. Empecé a trabajar en curadurías y a escribir muchísimo, tenía una columna en El Universal. Fernando Rodríguez, un amigo filósofo, era del grupo de Teodoro Petkoff, entonces en 1994 me nombran Directora General Sectorial de Cine, Fotografía y Video del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC)”.

Lo que sigue es historia reciente, María Teresa lleva adelante la revista Extra Cámara y muchos otros proyectos. “En esa época, trabajar con el Estado te daba la capacidad de hacer muchas cosas que con el sector privado no podías. Fueron seis años increíbles y una vez fuera me costó adaptarme a no tener ese poder, esa capacidad de poder tener una revista, poder tener un centro de fotografía, poder materializar cosas. Me cuestioné, no sabía a qué volver, allí empecé a escribir otra vez”.

 

Maria Teresa Boulton

 

La fotografía en Venezuela

“En Venezuela hay mucho interés en la fotografía y tenemos mucha gente buena. Roberto Mata es interesantísimo y sin contar el gentío que ha pasado por allí. La Organización Nelson Garrido también es otro ejemplo”.

Para María Teresa la fotografía es una huella de la sociedad. “Captar una fotografía te lo da todo, eso es apasionante. La foto es subjetiva, es parte de una realidad sin ser  realidad absoluta. Si bien se estudia, debe haber un ojo fotográfico que se pueda pulir con el tiempo. Hay que ver mucha fotografía. Ahora, escribir una fotografía tampoco es fácil, siempre viene después el pensamiento, de la emotividad del momento”.  

“Cuando empecé la Fototeca, el mundo de la fotografía era lo último del arte en Venezuela. Éramos pelabolas, la marginalidad total. No fue sino hasta un cóctel que hubo para Nelson Garrido cuando ganó el Premio Nacional de Artes Plásticas que dijimos: Nelson nos sacaste del foso, gracias”.

María Teresa observa la fotografía en Venezuela con muy buen ojo. “Los museos se acabaron, pero no la fotografía. Ya no es lo mismo que hace 20 o 30 años donde uno era la única fuente, ahora hay mucha gente trabajando la fotografía. No hay que menospreciarse porque no se tiene ese desarrollo y ese poder, hay un pensamiento que está allí”.

 

Maria Teresa Boulton

 

Volando lejos

Aunque ha pasado mucho tiempo desde que aquella joven recurrió al matrimonio para buscar su vida, María Teresa conserva muchas cosas de su personalidad. “Soy muy insegura, hago las cosas y después no se si están bien, las hago porque tengo que hacerlas. Las dudas siempre existen y la perfección es muy difícil, hay gente más perfecta que otras y hay que reconocerlo. Hay jóvenes que son increíbles. Mi hijo Gonzalo es muy tenaz. Hago las cosas y después las analizo, así es Gonzalo”.

“Lo que he querido, cuando he podido, lo he hecho. Estoy satisfecha con mi vida, no sé si es buena o mala, pero no he dejado de hacer lo que he podido hacer. He tenido mucha suerte de haber tenido el apoyo económico de mi familia, no es fácil divorciarse y no saber donde caer. Voy a sacar un libro sobre fotografía de indígenas que contiene entrevistas a fotógrafos que han tenido constante interacción cultural con ellos”.

Maria Teresa Boulton es una increíble mujer que nos inspira.

 

Maria Teresa Boulton