Gonzalo Denis Boulton

El reconocido arquitecto decidió un buen día emprender en el sector turismo en un alejado, pero paradisíaco pueblo en el estado Sucre. Hoy se confiesa amante del cacao, arte en el que se inicia tímidamente, pero con la misma determinación que lo caracteriza. 


El viaje del arquitecto

“Inicié mis estudios en Río Janeiro, no me gustó esa ciudad porque no era lo que yo buscaba. Me puse a trabajar con un arquitecto muy importante que se llamaba Juan Pablo Conde, que constantemente me decía que no tenía que estar allí y gracias a sus contactos conocí a Oriol Bohigas, decano de la facultad de arquitectura en Barcelona. Terminé por mudarme a Barcelona”, explica Gonzalo al preguntarle sobre sus inicios. 

Para el momento en el que Gonzalo llega a Barcelona, esta distaba de ser la ciudad artística y colmada de turistas que hoy conocemos. “Era una ciudad que no se abría al mar. En la arquitectura española de antes el mar significaba la cloaca, los desechos y en la orilla vivían los pobres. Fue para las olimpiadas que se hizo la transformación de Barcelona para recibir a los turistas, Oriol Bohigas con la facultad de arquitectura fue el propulsor de todo ese cambio”. 

 

Gonzalo Denis Boulton con Puraguapura

Gonzalo Denis Boulton con Puraguapura

“Mi padrastro Paolo Gasparini me presentó a Ricardo Porro, quién era decano de la facultad de Arquitectura en Lille, Francia. Porro era el autor de obras importantísimas en Cuba como la Escuela de Danza y estaba haciendo una arquitectura simbólica y totalmente diferente a lo que se conocía como arquitectura moderna. Le llevé todos mis trabajos universitarios, de los que estaba muy orgulloso. Cuando los vió, me dijo que todo era una cagada y que tenía que cambiar totalmente, así me mudé a Francia”. 

Gonzalo pasó seis meses en Francia estudiando arquitectura. “No salíamos ni de vacaciones. Porro era un gran maestro, pero era bastante absorbente en su método, era de esos talleres renacentistas donde el maestro te enseñaba a vivir desde su punto de vista, que era un poco loco”.

Es así como los viajes de apreciación se convirtieron en largas horas de observación frente a las plazas, tratando de entender las edificaciones y buscándole el significado a todo, entonces todo cambió. “Llegó el viernes negro, me llamaron de mi casa y me dijeron que ya no había dinero para mantenerme estudiando en Europa. Me vengo a Caracas y me inscribo en la Universidad Central de Venezuela”. 

“Cuando empecé en la facultad fue increíble, luego de haber pasado por tantas universidades entendí que la mejor siempre estuvo aquí, la UCV. Uno siempre ve hacia afuera pensando que afuera es mejor, este síndrome todavía lo tenemos”. 

 

Gonzalo Denis Boulton

 

La vida en el valle

Al volver de Lille, Gonzalo se residencia en el valle de Caracas, exactamente en el pueblo de Baruta, para retomar sus estudios. “Recuerdo mi primera entrega en la UCV, me sentía un inútil que no había aprendido nada, nunca había hecho una maqueta, nunca te preparabas para una entrega final y la gente se burlaba”. 

Gonzalo se involucró en actividades culturales en la universidad al compartir con el fotógrafo Luis Brito. “Iban hacer una película, Ifigenia, entonces empecé a trabajar en escenografía con Ricardo Fuenmayor. El set fue el Aula Magna y los estudiantes hicieron el guión con Iván Feo. Fue una experiencia increíble y maravillosa. Hice escenografía por muchos años”. 

La magia del teatro no puedo alejar a Gonzalo de su carrera de arquitecto. “Hice un primer edificio en Punto Fijo que más nunca quise ver porque siento que me quedó feísimo. Después fui profesor de diseño en la Vargas y en la Central por muchos años, hasta que conocí Río Caribe”.

 

Gonzalo Denis Boulton

 

Río Caribe, un paraíso alejado del Boom petrolero

Gonzalo creció escuchando sobre Río Caribe, su abuela materna venía de ese remoto lugar. “Para mi era un cuento de hadas. Justamente yo estaba terminando Ifigenia y me invitan a los carnavales de Carúpano y me entero que Río Caribe está a unos minutos. En el camino recordé todos los cuentos de mi abuela. Vi una casa que decía se vende. Una casa frente al mar y dije: necesito comprar esto”.

 

Gonzalo Denis Boulton

 

Una casa que se vendía con todo dentro, incluyendo un viejo peñero. “Cuando se tiene una casa en la playa te vuelves esclavo de ella, entonces me la pasaba siempre allá. Siempre pasaba frente a Caribana y le decía a los que vivían allí que iba a comprar la casa, hasta que me dicen que la vendieron y basta que te quiten algo para que tu te actives. Llamé a los dueños, busqué dinero y compré la casa. Iban hacer el club Mediterranée y pensé: hagamos de esto una posada porque esto se va a convertir en un centro turístico. El club nunca lo hicieron y el boom tampoco llegó”, dice entre risas. 

 

Gonzalo Denis Boulton

 

“Río Caribe es un lugar increible. El tiempo es diferente, las costumbres, ese desarrollo petrolero nunca llegó. Es el caribe de verdad”. 

Es así como Gonzalo se va a vivir a Río Caribe dejando atrás su carrera de docencia en la UCV. “Al principio me costaba. Siendo arquitecto, decir que era posadero, me costó. Hoy me siento super orgulloso’’.

 

Gonzalo Denis Boulton

 

Una historia con olor a Cacao

“Viviendo en Paria tu hueles a cacao todo el dia. Un día conversando con María Fernanda di Giacobbe me dice que se quiere meter en el mundo del chocolate, cuando el turismo empieza a decaer le digo, hagamos una posada dedicada al chocolate”. 

Gonzalo y María Fernanda unen sus visiones sobre el arte y negocio del cacao para darle forma a este nuevo proyecto que tiene por nombre Río Cacao, donde hasta el empaque también es protagonista. “Me puse a investigar. Mi mamá estaba haciendo la Fundación Boulton y estaba viendo libros de  flores, de allí vino la idea, faltaba darle la vuelta porque no era muy original. Entonces pensé en flores, pero de papel tapiz. Mi casa natal siempre estuvo adornada con papel tapiz y a mi me encanta. Luego le añadimos el grabado pero con toda la tecnología del siglo XXI’.

 

Río Cacao

 

La apuesta de Río Cacao es tree to bar, esta filosofía consta en sembrar el propio cacao que luego cosechará y transformará en chocolate. ‘El chocolate es insólito. La gente piensa que hacer chocolate es sencillo. Llevo un par de semanas siendo yo el chocolatero, he aprendido como el sol, la temperatura, todo influye en el proceso”. 

“Lo increíble del cacao es que el mismo árbol te dice qué tipo de cacao es. Abres la mazorca y cada grano puedes tener varios tipos, puede ser injerto o que ellos mismos se polinizaron. Es todo un mundo’’.

 

Gonzalo Denis Boulton

 

Gonzalo nos demostró que por descabellada que suene su historia, a veces necesitamos ese empuje de hacer las cosas que en las que creemos, aún en los paisajes más adversos o desconocidos. “‘Yo no tengo otra opción que quedarme, es mi plan A y B. Adoro este país. Viví en muchos lugares y descubrir que la mejor facultad estaba aquí, no tuvo precio. Vivir aquí es muy arrecho, es muy divino. Yo digo váyanse, pero regresen”. 

Tuvimos la suerte de acompañar a Gonzalo cuando sembró la primera planta de cacao de Río Caribe en Caracas, exactamente en su casa de natal Samambaya. Ahora tenemos el honor de saber que esa primera planta lleva nuestro nombre, Puraguapura.

 

Gonzalo Denis Boulton