El taller de Manana

Desde hace ya más de 20 años, detrás de la Iglesia del Cristo en el pueblo de Pampatar,  en la Isla de Margarita, una hermosa y colorida casa colonial alberga un maravilloso proyecto. El Taller de Manana es un espacio donde personas especiales transforman piezas ordinarias en bellas artesanías. 


El reto de no rendirse

La historia de este particular taller está ligada estrechamente a la historia de su creadora María Fernanda González Salas, Manana. “Nací en Petare, en la casa de Don Tito Salas, una finca bellísima en la zona colonial. Allí viví hasta los 18 años hasta que me mudé a Galipán. No fue sino hasta los 28 años que llegué a Margarita”. 

A los 17 años, María Fernanda escapa con su novio, quien más tarde sería el padre de sus hijas. “Él estaba aprendiendo a volar y nos fuimos en avioneta desde Miami a una Isla donde vendían ropa hecha con la técnica de Batik, quedé impresionada y me dije que algún día tener que aprender hacer eso”. 

Al quedar viuda a los 28 años, esta intrépida mujer decide irse a vivir a la Isla de Margarita con sus dos hijas, Isabel y Constanza, aún pequeñas, dispuesta a empezar de cero. “Fui la primera artesana buhonera en aquel momento, hace 32 años no había buhoneros en la Isla. Me dediqué a vender artesanías hechas por los indios, viví mucho tiempo con ellos y trabajé a su lado para mejorar su calidad de vida y su trabajo artesanal. Pasé muchísimo trabajo, no era fácil”. 

Con el tiempo Manana ƒempieza realizar piezas de Batik, técnica que siempre tuvo en mente. “Una amiga que vivía en Galipán me enseñó. Quedé encantada, ella me regaló algunos materiales y llegue a mi casa con unas telas de algodón. Empecé hacer pareos y mi hija menor me da la idea de colocarlos en la pared como cuadros. Estos pareos inundaron Margarita y otras islas del Caribe, incluso grandes cadenas hoteleras. Me fue muy bien y mi vida dio un giro”.

 

El taller de Manana
EL TALLER DE MANANA

 

Artesanía con un propósito

“Me casé con un hombre maravilloso y ya no quería seguir trabajando con la misma intensidad, pero siempre tuve la inclinación de realizar trabajo social, algo que impacte”. Es en ese momento decide darle un uso a la casa que le dio acogida en Margarita. “Era una casa muy humilde detrás de la Iglesia del Cristo en el pueblo de Pampatar. Un ranchito que ya habíamos mejorado. Tuve la idea de darle un espacio a las personas con alguna discapacidad y empecé dándole empleando a mi sobrino sordomudo,  él a su vez le dijo a unos amigos. Con el tiempo fueron llegando personas con síndrome de down, personas de la tercera edad. Le abrimos las puertas a todo el que quisiera trabajar”.

Es así como El Taller de Manana se convierte en una especie de asociación civil sin fines de lucro, pero con María Fernanda a la cabeza del proyecto, las personas que trabajaban en el taller empezaron a realizar piezas de la más alta calidad. “Soy muy exigente, viajo mucho, gracias a Dios, y constantemente estoy estudiando, aprendiendo nuevas técnicas. Al principio solo hacíamos Batik, luego empezamos hacer madera y ahora hacemos lo que se nos ponga por delante”. 

El Taller de Manana se especializa en todo tipo de productos de diversos materiales y artículos para la buena mesa y el hogar. “Antes se producían muchas cosas en el país y ahorita no, tenemos que importar y el dólar esta carísimo. Nuestro arte se ha vuelto más costoso; uno por los materiales, dos por la calidad y lo tercero es que yo le doy estatus de artistas a mis artesanos, y los artistas cobran”. 

 

EL TALLER DE MANANA

 

"El modelo económico de este taller es que absolutamente todo lo que se recauda se invierte en mejores sueldos, mejores técnicas, aumentar el número de personas trabajando y mejorar los espacios. Somos unos de los pocos talleres en Venezuela que en los últimos 10 años no hacemos sino crecer. Los insumos que debemos importar los compramos entre mis hijas y yo”.

 

EL TALLER DE MANANA

 

Los artistas detrás de cada pieza

Lo que diferencia este taller del resto son sus artistas. “Mis artistas son cualquier persona que tenga alguna necesidad especial. Al principio queríamos que fuesen personas con alguna discapacidad y se nos sumaron muchísimas personas de 80 años o más. Los invitamos a nuestro taller para que tengan un hobbie, un día a día productivo. 

“Tuvimos una mujer que tenía una hija que nació con anencefalia, es decir que nació literalmente sin cerebro. Esta mujer cargó su hija en un coche por 22 años. Ellas vinieron todos los días por seis meses, la niña hacía lo que pudiese y la madre pintaba como loca. Hay gente que entra y se va, otros se quedan. El taller es un espacio para que la gente drene lo bueno y lo malo, mientras aprende un oficio”. 

El sueño de Manana es que cada joven con alguna necesidad especial que entra a su taller tenga un oficio del que pueda vivir. “Hay muchos muchachos que vinieron con nosotros y que ahora viven en otras partes del mundo gracias a las técnicas que aprendieron en el taller”. 

 

EL TALLER DE MANANA

 

Identidad, la clave para perdurar en el tiempo

Trascender en el tiempo no es tarea fácil. Diariamente grandes ideas son olvidadas en el tiempo y en el mundo de la artesanía, no es diferente. “Mis estilos cambian todos los días, un día son muy clásicos y a veces muy modernos, le doy mucha cabida a lo que la gente trae, pero siempre que esté dentro de la identidad de Manana. Hemos sobrevivido porque hemos resguardado nuestra identidad. La gente nos reconoce en cualquier lugar, en telas, ropa, mantelería, cosas del hogar, todo porque tenemos una identidad muy clara. Dos cosas son indispensables para perdurar en el tiempo: calidad e identidad”. 

Las piezas del Taller de Manana las pueden encontrar en la tienda Margarita Batik, sus tiendas aliadas y padrinos, ubicadas en Caracas: Secadero, El Rincón del Ávila en el Hotel Ávila y Artesanía en los Palos Grandes. Manana también realiza envíos a otros países. “Nuestros clientes nos compran por Instagram y enviamos cajitas a muchos lugares del mundo. Todas las semanas salen de cinco a diez cajitas para el extranjero, lo que nos ayuda a mantenernos”. 

 

EL TALLER DE MANANA

 

La apuesta por el talento humano

En el desarrollo de este proyecto, Manana se ha involucrado en numerosas iniciativas sociales que defienden el aporte de la artesanía local a la economía de un país. “La artesanía puede convertirse en una manera de mejorar los ingresos de las comunidades más alejadas de las ciudades. Me encantaría estar joven para participar en el cambio cultural que este país necesita. En países como México, Perú y Colombia, la artesanía es vista no sólo como parte de la identidad nacional, sino también como parte de la economía”. 

Entre los proyectos futuros para el Taller de Manana está el convertirse en ejemplo del potencial de la artesanía en Venezuela. “Soy fiel creyente de que la artesanía es una herramienta maravillosa para ayudar a cubrir las necesidades de las personas que no tienen acceso ni a la educación o un trabajo formal”.

“Estoy dedicada a esto un 100%. Quiero que mi taller sirva como ejemplo para que la gente vea que en Venezuela si se pueden hacer cosas buenas con calidad de exportación, que sí se pueden hacer cosas para el bienestar de los trabajadores, y que los pueblitos como Pampatar y otros sean reconocidos en cualquier parte del mundo”. 

María Fernanda desde su trinchera en el taller de Manana sigue apostando a la educación. “Quiero seguir dando clases, enseñar a mucha gente y pienso hacerlo hasta que la vida me de el tiempo. No me voy de Venezuela aunque mis hijas están lejos y me tienen roto el corazón, pero mi lugar es aquí en Margarita, en Caracas, en Maracaibo, en Mérida. Quiero estar aquí para darle a este país todo lo que me ha dado”.

 

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