Carlos García

Pasión, tradición e historia en Alto Restaurante


Alto restaurante está ubicado en Caracas. Un espacio donde el Carlos García y su equipo fusionan sabores típicos con una propuesta moderna que le otorgó a su cocina un lugar entre los 50 mejores restaurantes de América Latina.


Entrar en Alto Restaurante es adentrarse a conocer una propuesta de cocina venezolana contemporánea, una fusión que se revela en cada plato elaborado por Carlos García y su talentoso equipo. Pero recorrer ese piso de mosaicos es también transitar diferentes historias de pasión, talento, trabajo duro y entrega.

 

Alto Restaurante

 

Carlos, que empezó haciendo arepas a los seis años y que hoy recorre los fogones en todo el mundo, confiesa que hablar de cocina es hablar de su familia. “La cocina me trae los recuerdos de mi abuela. Las reuniones familiares empezaban en la mañana y finalizaban al caer la noche. Mi abuela montaba la mesa completa, con varios platos”, relata.

Carlos lidera un gran equipo profesional dedicado a complacer los paladares más exquisitos con mezclas que solo pocos pueden imaginar y usando como base los sabores típicos de la cocina venezolana. Ají dulce, cilantro y otros muchos ingredientes dan como resultado platos increíbles y variados que van desde un Tartar de cordero, hasta alcaparras fritas y cenizas de cebolla.  

“Me gusta cocinar la comida venezolana porque son sabores de archivo. Son sabores que son tuyos, que conoces perfectamente y que no solo te gustan, sino que también te traen recuerdos”, explica.

 

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“Me gusta cocinar la comida venezolana porque son sabores de archivo".

 

El platillo por excelencia en Alto es la tierra de chocolate: un postre que no han podido quitar de la carta y que con el tiempo se ha vuelto insigne para los comensales. El quesillo también tiene un lugar especial al ser la mezcla perfecta entre lo clásico con la textura del helado. Este dulce deja a la clientela intrigada, pero totalmente extasiada ante una combinación que no es de esperarse.

 

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Pocos recuerdan que Alto abrió como un restaurante de comida mediterránea y se mantuvo así hasta que un día Carlos y su equipo, a modo de prueba, se atrevieron a cambiar la carta. “Aquella vez la gente quedó súper contenta y a gusto. Ya han pasado seis años o más desde que dimos ese paso y mira lo bien que resultó”.

 

Cocina con propósito

Carlos García y su cocina guardan un secreto. Este reconocido chef fue parte de una iniciativa durante los Juegos Olímpicos de Río 2016 que reunía cocineros de todo el mundo para preparar platillos a personas en situación de calle. “Disfruté en esos comedores lo que tenía tiempo que no disfrutaba”.

Con la ayuda de la organización Gastromotiva y del reconocido con tres estrellas Michelin, Massimo Botura, Carlos y otros cocinaban con lo que llegaba de la villa olímpica, en un comedor comunal ubicado en el centro de Río de Janeiro.

“A esos platos le ponemos el mismo cariño. La idea es que los platillos sean ricos y que la gente se sienta atendida. Esta experiencia es súper gratificante. No es lo mismo darle de comer a estas personas que aprecian el plato de una manera distinta porque en algunos casos por primera vez comen no solo para alimentarse”.

 

Alto restaurante

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La idea es que los platillos sean ricos y que la gente se sienta atendida”.

 

 

Esta fue la segunda vez que Carlos participaba en este tipo de actividades. La primera fue en Milán. Estas fundaciones luego se convierten en escuelas de cocina. Es por esta razón que el cronograma de este chef y su equipo incluye cenas para organizaciones, como Corazón Verde, hasta cenas en club privados en Londres.

 

Un poco de historia y mucho cacao

“Generalmente cuando mi equipo y yo viajamos, vemos qué encontramos de los mercados locales y en base a eso trabajamos, pero si hay algo que nos llevamos siempre es chocolate. Nuestro cacao es muy bueno, nuestro grano de cacao”.

 

Alto Restaurante

 

Carlos explica que el chocolate se divide en tres tipos: Amazónico, Forastero y Criollo. Este último es el más puro. “En Venezuela se dan los criollos de manera fortuita en mucha cantidad. En la época de la colonia, el de nuestro país era el mejor cacao del mundo”.

Carlos relata que en el año 1700 los curas tenían por obligación hacer ayuno. Al llegar aquí, a Venezuela, descubren que la gente toma una bebida desconocida a base de cacao que les da mucha energía. Los curas convencen al Papa de que esta bebida no es comida, siempre y cuando no se le agregue nada más. Es allí que nace el amor por el cacao venezolano, por ser más dulce que los otros y fermentar de manera rápida.

“Nuestra historia siempre ha estado muy ligada a la del cacao. Habían dichos que rezaban que cuando el país estaba bien, el cacao estaba bien, cuando el país está mal, el cacao está en la desgracia”.

Venezuela cuenta con 28 tipos de cacao criollo. Chocolaterías como El Rey y Franceschi le han dado fuerza a su regreso, “Me encanta el chocolate. Cada año hacemos un menú completo dedicado al cacao”.

 

Nuevas apuestas en la mesa

La nueva carta de Alto deleita con diferentes opciones como los  linguini con fumé de maíz acompañado de un sofrito blanco, puré de maíz dulce, sashimi de pescado blanco, chicharrón de piel de pescado y pasta de ajo. Una mezcla atrevida que sorprenderá paladares y dejará a más de uno con ganas de volver.  

 

Alto Restaurante

 

Si de postres se trata, su interpretación única del pie de limón busca ser uno de los favoritos de los comensales. Fetiche, un postre inspirado en excitación erótica que tienen algunas personas por los pies, consta de unos pequeños pies de crema de limón hecha a base de mantequilla y huevo, no se usa la típica leche condensada que se suele usar para este tipo de postres. Servidos sobre una base de galletas, mantequilla derretida, mix de cacao y café, diferenciándolo así de los pies de limón tradicionales. Como toque final, esta delicia lleva espolvoreada un toque de polvo de ají y sal marina para resaltar los sabores. Como complemento lo acompañan unos puntos de colores de sabores como chocolate, ron, culí de fresa y arequipe con cocuy, y pequeños brotes de albahaca como acompañante perfecto del chocolate. 

 

Pies de limón

 

Lejos del fogón

Como muchos caraqueños, Carlos disfruta de aquel cerro al que Ilan Chester tanto le cantaba. “Subir El Ávila me desconecta. Llegar arriba y sentarte tranquilamente es algo que te cambia por completo”.

Ya son 20 años en la cocina. “Antes me dedicaba al transporte de camiones. Un día me harté de todo y dije: voy a estudiar cocina, pero lo hice por hacer algo y mira a donde me trajo”, confiesa dejando claro que no siempre es tarde para darle un golpe de timón inesperado a la vida.

 

Carlos García

"Un día me harté de todo y dije: voy a estudiar cocina".

 

Contrario a lo que se puede pensar, Carlos no busca que su hija comparta su pasión. “Yo la dejo que como niña se interese en lo que se tenga que interesar, si en un futuro es la cocina, que así sea, pero no busco llevarla a que comparta lo que es mi trabajo”.

 

Carlos García

 

Con su trabajo, Carlos ha visitado lugares como México, Colombia, Londres y Copenhague, destinos que por ahora solo parecen seguir multiplicándose.

 

@carlosgarciaeq

@restaurantalto