Loly Sanabria

Envuelto en un velo de misterio, el Hotel Humboldt aguarda sigilosamente en el tope del Ávila. Un emblema de la ciudad de Caracas que ha vuelto a la vida gracias al trabajo duro de varias personas que se niegan a dejar nuestra historia desaparecer con el paso del inclemente tiempo, una de ellas es Loly Sanabria.


Puraguapura conversó con esta incansable mujer, quién trabaja arduamente para preservar el arte de su padre, el reconocido arquitecto venezolano Tomás José Sanabria, autor de reconocidas obras como el Hotel Humboldt y la sede del BCV, y transmitir su legado a las nuevas generaciones.

 

Detrás de la leyenda

Puede que a muchos no les suene el nombre Tomás Sanabria, pero este hombre puede ser considerado una de las grandes mentes venezolanas. Sanabria dedicó su vida a la arquitectura en el país, dejando a su paso obras que contribuyeron con la modernización de Caracas.

Su hija, Loly Sanabria, diseñadora Industrial egresada de la Escuela de Diseño de Hanns Neumann de Caracas, es la viva imagen de su padre en cuanto a dedicación se refiere. “Lo mejor que pudieron hacer mis padres fue unirse, aunque luego se separaron, pero juntos pudieron criar dos hijos cada uno con sus características totalmente independientes, amados con locura, todo sin conflicto alguno”.

Desde hace más de 11 años, Loly organizando el trabajo de su padre, además supervisa la conservación y restauración de sus obras, mientras realiza visitas guiadas para quienes desean conocer un poco más sobre este importante personaje de nuestro país. “Lo que me llena de estos recorridos es que cuando se acaban, las personas terminan tan ricas, tan llenas. Se te acercan y te dicen que creen en el país, que lo aman y lo aprecian. Hay un disparo de positivismo, de buena vibra, se conectan con lo bonito”.

Loly Sanabria


“Lo he dicho muchas veces cuando doy charlas, lo más triste es que nosotros tratamos a Caracas como si es un hotel donde estamos, lo usamos, dormimos y nos vamos. No nos creemos los dueños de la casa y si no es tuya, no te duele”.

Loly se encuentra realizando el archivo más extenso que se conoce de la obra de su padre Tomás Sanabria, sus dibujos, sus apuntes, diseños, todo está siendo perfectamente respaldado y organizado para el uso práctico de quienes lo necesiten. “Con el tiempo noté que no sólo es la obra de mi papá lo que estoy cuidando, sino algo mucho más allá, es su filosofía”.

Loly Sanabria

La curiosidad de Tomás Sanabria lo hacía descubrir cosas nuevas cada día y así fue que encontró la inspiración para realizar las fachadas de la sede del BCV. “Un día mi hermano fue a buscar a mi papá en la moto y le dijo que se subiera con cuidado porque la moto estaba caliente de tanto que había rodado. Mi papá se puso a observar la moto, ve unas rayas y le pregunta a mi hermano que eran, Tomy le dicen que era para que la moto se enfriara. A partir de ese momento mi papá se puso a estudiar sobre eso y no paró, allí se inspiró y logró crear un sistema para enfriar al menos en seis grados el edificio”.

Quienes conocieron a Tomás Sanabria lo describen como una persona insaciable, con una curiosidad inagotable, un arquitecto integral y amante del valle del Caracas. Nunca iniciaba un proyecto sin conocer a detalle el terreno incluyendo su clima, su olor y cada pequeño detalle del espacio. “Hace un año me llamaron de la Universidad Simón Bolívar para que les diera un semestre. Me lo cuestioné porque no soy arquitecto, pero me llamaban por haber trabajado tanto tiempo con mi papá y porque yo conozco su obra como nadie. Fue una experiencia tan hermosa, que sumada a las visitas del BCV y el Humboldt que vi que no es arquitectura, es una manera de ver y entender el mundo, una filosofía y un sentir. No podemos aceptar que se borre la historia”.

Loly Sanabria

En la intimidad de la familia

“Mi papá y yo éramos muy unidos. Mi locura era mi papá y viceversa. Yo iba a estudiar arquitectura y mi papá me lo cuestionó al decir que sólo lo haría por nuestra estrecha relación. Cuando fui a la escuela de arquitectura de la UCV, conversando con el decano y el director, me di cuenta que lo que me gustaba era el diseño. .

“Papá nunca decidió por nosotros. Cuando nos invitaba a Tarzilandia, uno se preguntaba qué pasaba porque allí era donde hablábamos las cosas importantes. Un día me invitó y cuando llegamos llama al mesero, yo siempre pedía una Coca Cola, pero ese día no me preguntó nada, sino que habló con el mesonero que luego regresó con cinco tipos de refresco y mi papá me dijo: ¿Probaste los otros? Le digo que no, pero las probé y me encantaron. Allí mi papá me dijo: Me comentaron que andas con un noviecito, tienes apenas seis meses de haber vuelto de Europa, no te quedes con una sola cosa, prueba otras para que aprendas”, nos cuenta Loly como una de las tantas anécdotas que recuerda de su padre. “Fue un padre increíble y siempre tenía algo que enseñarnos. No sé en qué tiempo dormía. Cuando papá viajaba nosotros no pensábamos en qué nos iba a traer, pensábamos las cosas que había dibujado y los cuentos que nos relataría”.

Loly Sanabria


Con el tiempo, Tomás Sanabria invitaría a su hija a ser su socia, lo que abriría una nueva etapa para ambos. “Me di cuenta que como arquitecto hubiésemos chocado, en cambio como diseñador, éramos complementarios. El diseño es tanto la relación con el ser humano, los materiales y las situaciones. Vas a diseñar un espacio y debes preguntarte para quién, qué necesita, qué problemática tiene y qué necesita”.

“Un año antes de morir, le dije a mi papá para trabajar su arte en una colección. Aproveché ese año antes de que él muriese y trabajamos juntos en eso. Yo tenía un Dios enjaulado porque ya él no tenía nuevos proyectos institucionales y esto nos sirvió para seguir en marcha. Mi papá archivaba todo, hay 92 cuadernos de sketches”.

Una de sus obras más importantes, el Hotel Humboldt, es el que actualmente ocupa más el tiempo de Loly. “El Humboldt ha sido un proyecto castigado políticamente y amado en la ignorancia porque caraqueño ama el Humboldt, aunque no lo haya visto jamás, y cuando la gente ama sin conocer, no cuida”.

Loly Sanabria

Una colección invaluable

Toda la obra de Tomás Sanabria está declarada patrimonio cultural de la nación. Un mes antes de morir, él también es declarado patrimonio cultural. “A mi papá le molestaba muchísimo que le cambiaran sus obras sin consultarle. Siempre había que consultarle y eso pasó mucho en el Humboldt. Tengo 410 películas de 16 mm, innumerables dibujos y bocetos. Quiero que esta colección esté lo más completa y sabrosa posible”.

Loly Sanabria


La meta de Loly es lograr condensar todo ese conocimiento acumulado por su padre en un disco duro para donarlo a las universidades venezolanas que imparten la cátedra de Arquitectura. “No me interesa el dinero, quiero hacer una herramienta para profesores y estudiantes porque esto es súper valioso. Tampoco cobro por subir al Humboldt porque ese no es mi propósito, quiero es preservar la obra de mi papá. Le digo a la gente que es gratis para mi, pero no para ustedes, porque ahora ustedes son responsables de este patrimonio”.  

“Por otro lado creo que a mi país le falta mucho todavía, la educación llega y creo que es más fácil para generar una respuesta. La educación es apenas el principio, y no una educación superficial sino una educación que se quede en las venas”.

 

Loly Sanabria

Más allá del arquitecto

“Honestamente no me da mucho tiempo para hacer otras cosas. Tengo varios hobbies, entre ellos cuidar mis bonsáis y escribir y allí fue que descubrí el amor que le tengo a mi mamá”.

Desde hace seis años, Loly junto a un grupo de amigas se reúnen una vez cada 15 días o una vez al mes para escribir y compartir escritos. “Somos un aquelarre, como le dicen a las brujas. Nuestro primer tema fue hacer una carta para nosotras mismas y leerla 15 días después. Hemos ido experimentando y escribiendo, no para hacer críticas, sino para alentarnos. Un día el tema era escribir sobre la persona que más nos inspira. Me encontraba escribiendo sobre mi papá y allí me di cuenta la cantidad de veces que mi madre estaba presente, noté que sin ella, la relación con mi padre no sería nada”.

Conversar con Loly es una experiencia divina, horas de interminables cuentos. Uno de sus principales admiradores es su esposo, desde hace más de 46 años. “Mi pareja me da la absoluta libertad de ser yo. Lo amo profundamente, ya son 46 años y aún celebramos los meses. Cuando cumplimos los 500 meses le hice un afiche que pasé tres meses haciendo. Para él yo soy la tapa el frasco, incluso con todos estos años encima. Para nosotros hay un orden que no puedes olvidar cuando vives en pareja: primero que nada es ser amigo, porque a un amigo lo entiendes, luego debes saber ser socio, así es que se crece y por último, ser amante”.

Loly Sanabria


Venezolanos apasionados como Loly son el ejemplo de ese país que no se rinde y que lucha por preservar nuestra identidad. Para Puraguapura fue un placer conversar con esta mujer para quien la vida es una historia fascinante y contarla es un deber.

Pasamos una tarde sabrosa.